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miércoles, 19 de agosto de 2015

Día tomado

De repente existían
el sol, la caminata, el mediodía.
El viento frío y tranquilo
El barro, el musgo entre ladrillos de vereda,
las sombras de las ramas peladas
finas, negras en el piso.

De repente, en un día laborable
existía yo.
Para caminarlas
para recordar que también lo hacía a los 19
para recordarme.
Para caminar sin más proyección que el próximo paso.

Espaciados
El sonido del tren,
del avión,
martillazos de obras,
máquinas de cortar pasto escondidas tras los cercos.

Permanentes
los pájaros.


Un paso y el siguiente.
Las vías y el ascensor.
El pasillo y el caniche del vecino
que histérico
ladra todas mis incertidumbres.








miércoles, 18 de febrero de 2015

Todo contrasta

Camino. El cielo es gris, la calle es gris, la plaza no. El cielo tiene ese color que hace resaltar todo lo que se interpone entre nosotros.  Las copas de los árboles, los carteles, las cotorras, las flores de las copas, los edificios. Todo contrasta mientras el viento lo golpea.

Estoy tan enojada que cuando cruzo la plaza creo que son mi paso y mi enojo los que remueven la hojas, levantan el viento y obligan a las madres a sacar a los chicos del sube y baja. Cruzo en diagonal, el paso firme y las manos abiertas. Pienso que el cielo puede caerse a pedazos, el viento tirar miles de árboles, la lluvia inundar las casas, el asfalto abrirse hasta mostrar la tierra, el agua y el magma.

 Deseo que todo eso suceda porque creo que, como si nada, podría seguir caminando con la misma firmeza. Pero el cielo gris no muestra rajadura, ni el viento mueve más que hojas y tierra, ni las gotas que caen llegan a mojar mi camisa. Del magma ni noticia y mi paso puede flaquear con solo apoyar un poco de más la plataforma del zapato. Encarno y  reconozco que cumplir cualquiera de mis deseos me perjudicaría. Entonces solo espero que llueva, así poder disimular el momento en que la bronca se transforme en llanto. Aprieto los labios. Quiero llegar a casa.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Correa

Los listados,
los dictados,
las nubes.

Los silencio,
los gestos,
la carta.

Los naranjas,
después la noche
y una parte de mí
que camina las diagonales de la plaza.


No tengo perro,
sin embargo
sostengo una correa
y no sé qué amarra. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Durante la tarde del sábado
dormí la siesta escuchando las hamacas que sonaban en la plaza.
A la noche, se oía una pelea.

Ahora que habito un barrio casi citadino
en mi primer caminata matinal
una voz, que habla como un poema de Fabián Casas me dice
“En este lugar  podés comprar carne,
en este verdura barata.
Está zapatería vas a recordarla
sólo cuando necesites arreglar un zapato.
Por último,
en caso que algo no funcione
esta es la casa de velatorios
más cercana a tu nuevo hogar”.

lunes, 21 de abril de 2014

Fragmentos V

Lo bueno de este, mi cuerpo chiquito, es que sólo entra lo necesario. Como una valija  donde se guarda sólo lo imprescindible para el viaje. A veces desbordo, siento que las cosas me exceden muy fácil, pero como me exceden, como no entra en este metro cincuenta y cuatro, las dejo.

Tal vez deba cambiar la idea de lo necesario, entra lo que yo quiero que entre. El último cuatrimestre de facultad, subo un día al tren y abro la mochila. Tenía tres libros, la billetera, el teléfono y un lápiz. Tenía tres libros porque no sabía que iba a querer leer en el viaje entonces tomé tres que creí cubrían diferentes inquietudes, dos muy grandes y uno normal. Tenía tres libros y no llevaba ni los cuadernos ni los apuntes de la materia que iba a cursar, incluso el lápiz lo llevaba para marcar el los libros. No sé si cargaba lo que necesitaba, diría que no, pero llevaba lo que quería llevar.


Como a la mochila, a mi cuerpo sólo le entran tres libros que muy lentamente voy renovando y la caja de fósforos del poema.





.

lunes, 24 de febrero de 2014

¿Viste lo que es un verso?

I
Puse el cuaderno que va completando mi hábitat de pájaro.
Me dan ganas de pincharte con los lápices negros a ver si empezás a reírte un poco.
Las cosquillas siempre me resultaron violentas, pero tomalas a modo de cariño.
Ya que no soportás mi expresión directa.
Yo tampoco soporto demasiada exposición.

Guardé el cuaderno rojo para que cobre su propia vida
Mientras el mundo, cansado de instragram
Pareciera tomar colores vintage naturalmente.
¡Cómo insiste el cielo en resaltar sus grises y rosas!
Empecinados en acompañar la idea,
los palos borrachos del corredor
alumbran el camino.

II
Y el perro se confunde.
Sale a mirar las vías-río a la tarde
y como es un perro caballo, los niños miran asustados.
No sé si los asusta el perro,
su pata blanca
o las madres que temerosas gritan “¡tengan cuidado!”.

El perro no entiende, con la lengua afuera mira.
Mira las vías-río,
el tren que llega a Muñiz con gente colgada en las puertas,
la mirada de los niños
y las zapatillas coloridas de los que corren.
A las madres no las registra.

De día, en febrero, el perro,
su tamaño, su pata blanca y su porte
no causan el mismo temor que en la noche de invierno.
Hoy no podría comerme.
Incluso lo protegería de la reacción de las madres temerosas.
¿Viste como son las madres?
Por un momento me olvidé que te hablaba
y justo vos tenés muy claro lo que son las madres.

III
¿Viste lo que es un verso?
A veces creo no tener idea.
Pero sigo escribiendo en versos-prosa
sobre vías-río y perro-caballo.
¿Viste cómo son las palabras?
El perro tampoco.
Por eso está ahí
la tarde de febrero
gris y  palo borracho.
Preguntándose por qué no fue caballo
mientras un grupo de hombrecitos negros
marcha por la vía vieja.



domingo, 16 de febrero de 2014

Cordón

¿No dije que iba llegar la época de decorar el cordón?
Jacarandá, paraíso y lapacho
crean alfombras con sus flores desprendidas
al tiempo que los tilos
perfuman lo más hondo de nuestras almas y narices.

Hoy me dedico a crear alfombras con mis desprendimientos.
A mirarlos y soltarlos,
dejarlos navegar o morir.
Ya no importa, no son míos.


PD:

No me importa
los palos borrachos
ya tienen lámparas rosas.



lunes, 13 de enero de 2014

Fragmentos IV

A veces, mis manos parecen más chicas y blancas de lo que ya son. El resto del cuerpo se mantiene.
El colectivo parece inmenso. No sé cuál es el tamaño de un elefante, pero imagino que puede tener el tamaño de cuatro o cinco. Los imagino ahí yendo al costado, por la calle, en fila.


Mis manos no pueden más que generar nostalgia. Las miro y, estén del tamaño que estén, del color que sean, veo en ellas toda mi fragilidad. Las abro, veo los callos producto de la escritura y de la guitarra en las yemas. En la palma, los del manubrio de la bici. Miro mis manos y la veo mías, curtidas y frágiles, huérfanas de siestas. Me veo crecer sin dejar de añorar una niñez jamás recordada de modo objetivo.

Fragmentos III

martes, 3 de diciembre de 2013

Las flores

“Sólo existe lo que pasa” decíamos con Eugenia mientras
 comíamos nuestras uñas para calmar ansiedades.
Silencio.
Comernos las uñas en conjunto era inmenso.


Las flores se turnan
para dar luz  los días de lluvia
en contraste con el cielo,
brillan.
Cansada del horóscopo que anticipa mi pasado
las miro como si tuvieran respuesta
para este destino, el mío,
que siempre parece estar a punto de encausarse.
Que termina eligiendo posibles antes que finales.

Siempre ahí
el hilo por romperse.
¿Cuántas hebras te componen?
¿Por qué divido pero no  rompo?
¿Qué soy de todas ellas?

______


No escapo.
Abro puertas y ventanas
rompo los techos y asomo.
No sé salir.
Espero que la casa se derrumbe
y así llegar afuera.

El cielo se despeja.
Las lamparitas rojas del ceibo
ahora contrastan con el barro marrón.
Blando.
El jacarandá pasa a entrar en la paleta de azules del cielo.
Comprendo mi falta de cordura
o mi exceso de sensibilidad.
Comprendo que puedo explotar
o buscar conciliar con el resto del mundo.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Fuegos violetas

Voy al trabajo.
Es la época que el jacarandá estalla
como un fuego artificial
suspendido y violeta.

Vuelvo del trabajo.
Ahí sigue
suspendido
que no es igual a pendiente
porque nada lo ata.

En unos días
el tiempo del jacarandá alfombra.
Y quizá, así como ahora estallo,
caiga con él lentamente
a decorar la tarde y el cordón
.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Preguntas al perro

Me acuerdo del perro caballo
del intento de escribir como Rivera
de las vías río
y, ante todo, de la sensación persecutoria.

Me acuerdo.
Sentí que podía comerme
que él también lo sabía
Pero que decidía mírame pasar
como miraba las vías río.

Me acuerdo porque la sensación vuelve.
Aunque no hay perro
ni vino, ni noche, ni invierno.
Me acuerdo
y no estoy arriba de la bici.

¿Por qué no me comiste?
Te veo dormir a la mañana
¿qué sueñas? ¿Por qué te acurrucas como un gato?
¿A qué hora deja de ser tuyo el corredor?
¿Hay algo que quieras decirme?
¿Por qué Rivera escribe con compás?



Viene de...

jueves, 29 de agosto de 2013

Cachetes rojo Claudio

I
Qué cosa rara la vergüenza.
Esa especie de moral que no sentencia.
Tiene algo pícaro en la diéresis y en los cachetes colorados,
a la vez indica arrepentimiento y temor.
Simpática la señorita, limita como el miedo.
Es la cobardía exteriorizada,
con el mejor vestido puesto.

II
Ya es invierno.
¿Qué hago?
Si desde diciembre espero mayo
Y espero junio.
¿Qué hago ante el invierno?
No entro en mi caparazón.
El acolchado de plumas me da alergia.
Hay trece grados, humedad y árboles que conservan sus hojas.
¿Qué hago después de un otoño que cumplió con creces?
Que intenso, se encargó de tensar y destensar.
Como imantando un latido.
Qué hago si después de eso se fue sin saludar.

III
Ahora viene el invierno, que es momento de decisiones
Y  me agarra en cualquiera.
Y ante el frío los únicos que dan calor son
el piano, el canto en la bicicleta y los rojos cachetes avergonzados.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Impresiones II (ida)


"Miro y me conmuevo,
Me conmuevo como el agua corre cuando el piso es inclinado"
Fernando Pessoa

Agosto pasa una vez más

Tu figura sigue intacta

los gusanos siguen comiendo.
Tucumán es un desierto
donde los perros corren tras el camión de la basura.
Tucumán una vez más es gris,
yo me pregunto si la convertiré en mi Rua dos Douradores.

Me pregunto qué me conmueve
Los perros corrieron la basura siempre.
Desde que la asfaltaron, en el noventa y algo,
desde que la asfaltaron y los shorts blancos de mis hermanos
quedaron por la eternidad manchados de brea.
Tucumán es gris.
Es normal una mañana  húmeda y fría
cuando está por llegar septiembre.


Como si hubiera un muro en la esquina

los perros paran y dan la vuelta

buscan en las bolsas que quedaron rotas tiradas en el cordón.
A los gusanos no les molesta.
No se enteran y si se enterarán,
Los tranquilizaría saber que tarde o temprano 
esos perros serán parte de su festín
como vos ahora.
Pero tampoco lo saben.



martes, 6 de agosto de 2013

impresiones (retorno I)

Al invierno lo decora el amarillo
Y las personas que  caminan sumergidas en texturas y colores que las abrigan
Las luces de la calle, amarillas también, prendidas en el atardecer temprano,
La línea naranja/rosa del cielo que veo desde la ventana.
Yo me vuelvo amarilla también.
Mis manos. Mis manos no.
Mi pecho se cierra.

viernes, 2 de agosto de 2013

Otra vez invierno

Frío frío frío.
Frío cuando me saco las medias,
cuando me pongo el pijama y me meto en la cama.
Frió en las sábanas
Frío tu temperamento.
Frío yo. Mucho.

Julio, julio, julio.
El otoño esperado pasó
con penas, glorias,
Frío, humedad y olvido o intento de.   
Como marcando un ciclo.

Entiendo porque esperaba el otoño
Ahora todo se repite.
Vida circular. Espiral, caracol que se extiende.
Temor por no saber donde va.
Temor e intriga.

También alegría de seguir andando por más que gire alrededor de las mismas cosas.

miércoles, 26 de junio de 2013

Volviendo

(A Tomás y Alfredo, gracias por
 traer al poeta rollinga a mi vida)

Un señor toca boleros.
San Martín a pilar parando en todas.
Yo leo Casas y me río
del amor del bolero,
del whisky del poeta
de todos mis miedos,
del campo minado.

Una mujer de voz y cadencia parecidas a Violeta Parra
pasa gritando:
“Cuanta ingratitud en este país Argentina.
Cuanta ingratidud.
Ingratitud de todos los tipos, señores.
Cuanta ingratitud en esta tierra Argentina”.

Yo me río de las caras de la gente,
de los instantes mágicos que carga el tren.
Me río por leer que nadie cree
en la posibilidad de organizar el próximo mundial. 

miércoles, 12 de junio de 2013

Una pata blanca

Volvía en bicicleta a la noche.
El perro caballo miraba las vías
El perro negro caballo miraba las vías como si fueran un río.
Las miraba hasta que pasé y me miro.

Volvía a la noche en bici, rápido y con frío.
Volvía en la noche fría y vi al perro caballo negro.
El  perro suele estar en la otra cuadra.
Lo veo todas las mañanas.
El perro caballo negro tiene una pata blanca y suele estar en la casilla cruzando Pardo.
El perro con una pata blanca estaba en Bella Vista no en Muñiz como de costumbre.

Nos miramos. Temí que me ladrara.
La bici es un medio seguro.
Pero nada podía hacer en una bicicleta ante el ataque de un perro caballo negro de una pata blanca.
Sólo nos miramos
Supongo que después siguió mirando las vías río del San Martín.

Crucé dos perros negros más en el camino.
Pero no eran perros caballos.
Crucé una perra negra cuando llegué a casa.
En total registré cuatro perros negros
El primero fue el perro caballo.
El último, el mío.


jueves, 6 de junio de 2013

Escritos de otoño II (nocturnos)

I

La bruma, la neblina.
el frío.
Qué poco me importaban,
nada podía pesar a un pecho liberado.

Te dejé una cajita llena de cosas no dichas.
La guardaba a veces en el pecho, otras
intentaba crear un espacio entre los pulmones.
Las cosas ¿qué cosas?

Las-cosas.
Tenían relevancia por su encierro,
por su no decir. 
Por estar guardadas en la caja revolcándose entre sí.
 Una orgía de sentimientos impúdica.

La dejé en el piso, la abrimos.
Y como si prendieran la luz de la cocina del quara
miraron sonrojadas.
Abrimos y cerramos varias veces.
y cada vez que la tapa bajaba volvían a besarse.

Zorras.


II

Me llevé también algunas verdades.
Tuyas, mías, de la caja.
Temía esas afirmaciones,
creí que podían ser más duras.
Pude haber sido más dura también,
pero ¿qué sentido tenía?
¿Quién me hubiera creído?
Si cuando saqué la caja de los pulmones, del estómago y los ojos
quedé tan frágil, tan sin autoridad.

¿dignidad? No gracias.

¡Ay! el otoño que espero desde diciembre  me está deshojando lentamente.
Pero quizá necesite una poda.

Pedaleo y todo es negro; y blanco y espeso el aire
que voy rompiendo en mi andar.
No soy liviana como una pluma.
soy como las pelotas de las payanas.

Caigo, pico y vuelvo, para volver a caer.
No sé donde voy ahora.



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lunes, 25 de febrero de 2013


En el balcón había unos púberes.
En el balcón que nos gusta.
El que queda a una cuadra de la casa que no es mi casa.
De la casa en la que vivo.

El que está en esa cuadra
Lucía Alemán
 en que las casas están pintadas en diferentes tonos de rosas.
Cada vez más claros.
La cuadra de los paraísos inclinados hacia la calle.

En el balcón había unos púberes
Descubriendo el mundo
Arrogando su conocimiento.
Yo en la calle.
vieja, como el rosa de la última casa
Volviendo temprano para estudiar.

Vos.
¿vos? 

lunes, 4 de febrero de 2013

Hay veces en que me enamoro de mi sombra. Me pasa, ante todo, cuando camino sola en la noche. Como si fuera  una entidad ajena a mi persona, me acompaña con mi caminata saltarina que, a falta de ver pies, se nota por el rebote de la cabeza o del morral contra la cadera.
Si no caminara en la noche escribiría menos de la mitad de las cosas que escribo. Y no lograría comprenderme lo poco que me comprendo. Lo bueno de caminar es que el tiempo de transición de un lugar a otro, sea cual sea la distancia, es suficiente para adecuarse a donde se llegue, o no llegar por entender que es un destino erróneo.

La bici en ese sentido es bastante parecida y economiza el tiempo, por eso ayer que la distancia era menor a diez cuadras, decidí caminar.

La noche estaba fresca, me hubiese gustado, como en invierno, tener un chocolate en el bolsillo. Pero en las noches de verano no suelo tener reservas de chocolate y  contadas veces, la ropa veranil femenina,  cuenta con bolsillos. Por alguna razón, no guardo chocolates en la cartera. O al cajón de la mesita de luz, tal como me enseñó mi abuela, o el bolsillo de algún abrigo suelen ser los guardianes.
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