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miércoles, 26 de junio de 2013

Volviendo

(A Tomás y Alfredo, gracias por
 traer al poeta rollinga a mi vida)

Un señor toca boleros.
San Martín a pilar parando en todas.
Yo leo Casas y me río
del amor del bolero,
del whisky del poeta
de todos mis miedos,
del campo minado.

Una mujer de voz y cadencia parecidas a Violeta Parra
pasa gritando:
“Cuanta ingratitud en este país Argentina.
Cuanta ingratidud.
Ingratitud de todos los tipos, señores.
Cuanta ingratitud en esta tierra Argentina”.

Yo me río de las caras de la gente,
de los instantes mágicos que carga el tren.
Me río por leer que nadie cree
en la posibilidad de organizar el próximo mundial. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

nota a tener en cuenta

Abandonarse a la lectura en otro momento.
El tren va lleno. Caseros.
 Abandonarse a la lectura en otro momento que no moleste mi risa.
Abandonarse al sueño cuando pueda apoyar la cabeza.
Abandonarse,  mirar la ventana y a través de ella.

Abandonarse al recuerdo. Ese es el abandono propiamente dicho.
Abandonarse y dejar a que las arañas tejan sus telas.
Ese es abandono.
siempre y cuando, dicha palabra conserve su sentido y no nos deje solos.



Escribo acunándome,
como una madre loca 
a un hijo muerto.
F.P